Mujer inquieta, convencida de la fuerza que deriva del encuentro entre mujeres, fuerza para sanar, para fortalecernos, alentarnos, caminar ya no solas como nos ha querido el patriarcado, sino en manada para aullar nuestros sueños a la luna, danzar y agradecer a la tierra, ellas cuidan y nutren nuestros pasos.

Desde niña disfruto la compañía y la soledad, una espiral, un viaje que me nutre y expande, celebro que lleguen a mi vida seres, experiencias, procesos que alientan la confianza en mi propia voz en la cual laten tantas voces.

Estudié trabajo social, las apuestas colectivas para transformar realidades y construir dignidad han alentado mi mirada; hago parte del colectivo Artemisa donde nos juntan sueños, miradas, complicidades, convicciones  para la transformación de la cultura patriarcal con sus negaciones a la totalidad que habita al ser humano y sostiene la idea de mujeres débiles, incapaces, inferiores, incompletas y de hombres insensibles, invulnerables, conquistadores.

La fuerza del encuentro con saberes ancestrales arrebatados y desprestigiados por la lógica colonizadora me ha permitido reconocerme completa, convoco a los elementos para darle forma concreta, presente, vital y trascendente a la existencia, también invito la mirada que vincula, la risa que aliviana, el tejido que nos junta desde hilos diversos para construir, para cuidar, cuidarnos.

Madre, hermanas, hijas, amigas y algunos atrevidos hombres llenan de color mi existencia, por ello mi historia y la de las otras es el recurso para la transformación, de eso que hay que destejer y aquello que unimos para conjurar la alegría, la fiesta, el poder, la fuerza, mujeres completas caminando, danzando, aullando.