Educadora Menstrual, Marilyn Gomez

De Profesión psicóloga, no la elegí yo, ella me eligió a mí y ahora la vida en la sutileza de su cotidianidad me permite elegirla cada día y disfrutarla. Acompañando procesos individuales y colectivos y acercándome a las comprensiones rurales y urbanas, he ido entendiendo que en la diversidad está la verdadera belleza y la oportunidad de aprender, que hay mejores posibilidades cooperando que compitiendo, que comprendemos a través del cuerpo y la emoción y no sólo de la razón, que los niños y las niñas son maestros genuinos que están enseñándonos todo el tiempo, que la despatriarcalización de la crianza nos puede acercar a la idea, tal vez no tan utópica, de un mundo equitativo e igualitario, que hemos aprehendido las lógicas de los múltiples sistemas que nos han impuesto y que tenemos toda la posibilidad de cuestionarlos, desaprenderlos y aprender nuevas formas, que cada quien tiene su ritmo y su sabiduría, que existen tantas realidades como ojos para percibirlas y que definitivamente después de cada acompañamiento soy una versión nueva de mí.

No soy sólo una, creo que soy todas, cíclica, muy cíclica, soy todas las que me habitan, siempre con el propósito de serme fiel, escuchando lo que susurra mi corazón y atendiendo a mi intuición. A veces muy doncella, niña, juguetona y divertida, otras veces muy madre, cuidadora y nutridora, preñando el universo de mis propósitos, a veces muy hechicera, salvaje e instintiva y otras veces muy abuela.

Habitualmente soy una mujer, extrovertida, sensible y amorosa,  con mucha energía y afanada por vivir intensamente, tal vez por eso sólo espere 7 meses en el vientre de mi madre, quien sigue siendo una cómplice crítica y a la vez amorosa. Soy amante de la naturaleza y me fascino con la combinación de sus colores, sus olores y sus sabores. Fluyo mejor en la montaña, en la selva y en los bosques, donde lo virginal, salvaje e instintivo me llena de su belleza y fuerza, amo contemplar los verdes en las montañas y los azules en los ríos, manantiales y arroyos, soy afortunada de nacer en medio de ellos, allí en esa costica dulce del oriente, rodeada de las aguas más cristalinas y poderosas que conozco, esas que renuevan y sanan, que me hacen sentir que soy parte de ellas y que ellas son parte de mí, que juntas fluimos como una sola, seguramente soy hija de Oshun y de San Carlos Antioquia.

Mi abuelito me purgó con ajo, mi mamá me alivió con llantén, mi tía y sus agüitas de hierbas me ayudaron a entender que la naturaleza es medicina, que las plantas tienen su espíritu, que todos lo sabemos, sólo hay que recordarlo, me gusta entonces combinar mi profesión con este saber.

Desde muy joven he tratado de acuerpar la fuerza de todas mis ancestras y la que hubiera querido para mi abuela materna, las honro en cada juntanza con mujeres y niñas, creo firmemente que cuando estamos juntas hay una fiesta que nos fortalece y nos acaricia el alma. No soy tan romántica como puede parecer, a veces puedo ser muy Diosa y a veces muy odiosa. Soy compleja, amante de mi cuerpo como primer territorio, empática, sincera o crudamente honesta para algunos, encuentro mucho placer en viajar, cocinar, comer, bailar, dormir bien, juntarme con mis amigas, tomar café en las mañanas, reírme a carcajadas, leer, quedarme en silencio por horas sólo conmigo, habitualmente comprensiva pero firme, coherente y contundente con mis “no negociables”, esos donde la dignidad del ser humano queda desdibujada.

Con todo lo vivido y todo lo que espero vivir y aprender me siento un Ser en construcción, amada y amante por toda su familia y de toda su familia.