Guantes para la menstruofobia

Por: Carolina Ramírez, Psicóloga y Educadora Menstrual.

Por: Carolina Ramírez. Psicóloga y educadora menstrual.

Los guantes para la menstruación ya existían en Japón, de hecho el año anterior (2020) había realizado una publicación en mi cuenta de Instagram sobre el asunto. Pero no solamente existe esto, también en Brasil (y al parecer en Argentina) la mayoría de baños públicos tienen una caja de bolsas plásticas rosadas para que las menstruantes pongan en ellas sus “desechos biológicos peligrosos” para luego tirarla al bote de basura que a su vez contiene tapa y bolsa plástica; también existe la copa menstrual con válvula, un invento maravilloso que evita tener que retirar la copa en baños públicos que carecen de comodidades y limpieza, pero que en algunas publicidades he visto que la promocionan como la copa perfecta para “tener siempre las manos limpias”. Así que los Pink Gloves no llegan a ser ni siquiera “Innovación” son solamente una reproducción de cosas que ya existían desde un país de primer mundo.

Al parecer la idea de los guantecitos rosa princesa surgió de la incomodidad de uno de los autores de dicho invento cuando en la papelera sanitaria de su empresa descubrió un tampón envuelto en papel higiénico, (que agradezca que la amiga lo envolvió, yo hace rato me decidí a dejar huella y más cuando el baño es unisex), el señor seguramente pensaba que sus compañeras de trabajo no menstruaban y si alguna lo hacia seguramente era de color azul… ¡azul como el cielo, azul como la sangre de la realeza, azul como el color de los partidos conservadores!. Fíjese como este mundo vergocéntrico sigue planteando que es nuestro cuerpo el que está mal, ante la incomodidad de la sangre  los señores Andre Ritterwürden y Eugen Raimkulow no ven el problema en ellos sino en nosotras; se me ocurre que podrían haber creado unas gafas de ilusionistas que les cambiara el tono rojo por un azul y las ofrecieran a todos les menstruofobiques que existen en el mundo y así podrían evitar encontrar sangre roja de vaginas y vulvas humanas en los servicios sanitarios. 

A todo esto le vengo llamando desde hace tiempo menstruofobia o misofobia menstrual. La mitad de la población en este planeta menstruamos y tenemos que actuar como si no; se nos obliga a vivir en un performance continuo de cuerpos amenstruales. Los guantes de vinilo en Japón, las bolsas rosadas en Brasil y los Pink Gloves (y quien sabe cuantas cosas más existirán) son una expresión de misoginia disfrazada de higiene. ¿Comprenden por qué a las educadoras menstruales con enfoque emancipador nos jode tanto la palabra higiene?

Para finalizar, quiero mencionar que la menstruación sigue siendo un tabú porque le sirve al sistema capital, nos entrenaron para despreciar la sangre menstrual porque el asco hacia ella les resulta muy rentable. Se plantea que el tabú menstrual es el más antiguo de la humanidad, también ha sido la estrategia de control más eficiente y certera, ante esto la EDUCACIÓN MENSTRUAL EMANCIPADORA es la respuesta y nuestra estrategia de resistencia.

Fuentes: https://andromemo.blog.jp/archives/4152018.html

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