¡A la mierda la mujer maravilla, yo soy mujer cíclica!

Por: Carolina Ramírez, Psicóloga y Educadora Menstrual. @caro_educadoramenstrual

Sé fuerte mujer, sé fuerte para afrontar el parto, los dolores de la guerra, las pérdidas, el marido violento que miente los fines de semana. Sé fuerte para afrontar la crianza sola, sé fuerte para trabajar, cocinar, cuidar, limpiar la casa y en las noches abrir las piernas sin ganas y evadirte de tu cuerpo evitando que penetre tu alma. Sé fuerte para amamantar, sé fuerte para subsistir en la inequidad, para anularte como mujer en una sociedad que aclama el sacrificio femenino.

Las mujeres fuertes son madre y padre a la vez (que responsabilidad tan grande y tan imposible de cumplir) las mujeres fuertes dan todo por sus hijos y su familia, las mujeres fuertes no se derrumban, las mujeres fuertes siempre están de pie, las mujeres… ¡Basta de mujeres «fuertes»! ¡basta de negar nuestra ciclicidad y nuestra multiplicidad!

Evidentemente el sacrificio ha sido una de las características predominantes en el estereotipo femenino, nos quieren “buenas” bajo cualquier circunstancia: buena mujer, buena madre, buena esposa, buena hija, buena ciudadana etc. ¿Y qué traducen todos estos “buenos”?  Pues anulación, sacrificio y servilismo; dejamos de existir para nosotras mismas y nos dedicamos a vivir vidas ajenas; “mis hijos son mi vida” “mi madre es mi vida” “mi familia es mi vida” “mi marido es mi vida” el resultado: la frustración y la amargura.

Frágiles, histéricas, lloronas, sensibles, emocionales, tiernas y delicadas VS. Fuertes, guerreras, luchonas, heroínas y mujeres maravillas. Así es la tendencia a encasillar en polaridades miserables desde las cuales resultamos tremendamente útiles al patriarcado. Pero no, nosotras no somos ni lo uno ni lo otro, o mejor dicho, somos lo uno, lo otro y más. Somos multiplicidad.

Al comenzar mi ciclo (durante la fase folicular, pre ovulación) me siento tan fuerte como la mujer maravilla, puedo hacer muchas cosas a la vez, la capacidad de focalizarme es increíble, habitualmente tengo mucha energía y una sensación de ser capaz de a afrontar todo lo que llegue.

Pasados unos siete días aproximadamente, cuando llega la ovulación, la tendencia es a sentirme resplandeciente, confortable; suelo ser muy expresiva, emerge el deseo de cuidar y atender a las personas cercanas y el espacio que habito, para desgracia del patriarcado, esta fase dura lo que dura la ovulación, aproximadamente 48 horas. Seguidamente, la fase Lútea (en muchas mujeres es la fase más larga) me permite un momento de mayor conexión conmigo misma, las energías puestas afuera durante las dos fases anteriores se capitalizan hacia al interior de mi Ser… buscando dentro de mi misma hasta encontrar el mapa; la producción de estrógenos disminuye y se eleva la progesterona, habitualmente esto genera una leve disminución en la capacidad de concentración, acción y focalización. Así que necesito bajarle a la velocidad y atenderme un poco más. La fuerza alquímica aparece manifestada en creatividad, sensualidad y erotismo.

Avanzada esta fase, comienzo a experimentar un tiempo de oscuridad (más intensa que el tono del chocolate que me provoca devorar por esos días) intuición y sensibilidad que da paso al sangrado menstrual, momento de muerte y renacimiento, frío y desaliento, algunas veces percibo la rabia acumulada durante siglos, el enojo de mis ancestras, siento el infierno en mi cuerpo, me sumerjo hasta el fondo del hades y por todas las Diosas resurjo con la dignidad indignada. Pero no siempre es así, algunas veces experimento tranquilidad, placidez, deseos de ordenar; otras veces me palpo enérgica, con excitación sexual, con ganas de subirme en una escoba y volar, reírme a carcajadas de la vida y la muerte, de la humanidad desdeñable que a veces soy… que siempre somos.

Amarilla, rosada, violeta, roja y floripepiada; amarga, dulce, saladita, picante y simple. De todos los sabores y de todos los colores es mi vida, mi ciclo, mi esencia. Como ven, no soy la mujer maravilla, ni nada me brilla hoy en mi tercer día de menstruación.  ¡Solo espero que en las propagandas Linda Carter hubiera podido cambiar su toalla de tela y tomar una agüita de canela!

Me niego a ser la Mujer maravilla (puede que mañana cambie de opinión), elijo ser bailarina de mis emociones, tejedora de mis sueños y portadora de la medicina del NOOOOO cuando lo que se me presenta va en desarmonía con mi ritmo, con mi ciclo, con mis propósitos y con mi ser.

* No todas las mujeres menstrúan y esa experiencia no las hace ni más ni menos mujeres. *Este escrito hace parte de la auto investigación que hago de mi ciclo, por lo tanto corresponde a mi experiencia, cada cuerpo menstruante es diferente y por ende podrá sentir completamente distinto.

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