Sangro cada mes para que la humanidad sea posible

Autora: Carolina Ramírez Vásquez @caro_educadoramenstrual

En marzo de 2015 los medios de comunicación de diferentes latitudes, entre ellos las redes sociales, se mostraron atentos a una noticia para muchas personas trivial e insignificante. Se trató del hecho de que Instagram censurara las fotografías de la artista Rapi Kaur menstruando. Kaur, poeta Pakistaní, que reside en Toronto Canadá quiso hacerse las fotos a manera de experimento para “intentar desmitificar” la menstruación y para demostrar que “algunos parecen estar más cómodos con la pornificación” de la mujer que con aceptar el proceso natural de la menstruación.

Los medios de comunicación de nuestro país (Colombia) también le cedieron un espacio a la polémica situación, y vaya sorpresa fue para mí leer los comentarios de la ciudadanía frente a las fotografías. Toda clase de expresiones machistas, violentas, manifestaciones de profundo asco y repugnancia por parte de hombres y mujeres se vieron expresadas.

Comparar la sangre menstrual con otros desechos corporales como la orina y las heces dan cuenta de la desinformación que se tiene frente a la cuestión. Pero es que este tema ha sido un tabú por generaciones; de hecho, cuando la niña menstrua debe esconder cualquier rastro y evitar que personas externas lo sepan. Tal fue el caso con el que me encontré en la comuna 13 de Medellín en el año 2014 durante unos talleres con niñas en periodo de pubertad quienes manifestaban vergüenza por el hecho de menstruar y el mandato de una madre de mantener en secreto el evento menárquico.

Y es que, durante décadas, en muchas sociedades se ha estigmatizado el acto de menstruar y se ha calificado de impuro, sucio, vergonzoso y producto de una maldición o castigo divino. Tal es el caso de algunas mujeres Indias que durante su periodo menstrual les es prohibido visitar templos o lugares públicos, no pueden cocinar ni tocar el suministro del agua. Básicamente son consideradas intocables.
Esto constituye una forma inescrupulosa del patriarcado con el fin de fragmentar la autoconfianza de las mujeres y acrecentar la enajenación del cuerpo.

En nuestro contexto la menstruación ha sido “la innombrable”, para referirse a ella se han utilizado expresiones como la regla, el periodo, la pacha, el pacho rojas, el semáforo rojo, la visita de Andrés que llega cada mes, la liberal, la veintouchuda, la loca, está enferma, la pelirroja, el general rojas, la cosa esa, entre otras. Además, la mujer es burlada y muchas veces juzgada de sucia y cochina si llega a tener un accidente con su menstruación o si deja la toalla higiénica entreabierta en la papelera de algún baño, siendo esto de muy mal gusto y sinónimo de poca higiene. De hecho, muchas mujeres odian menstruar, y otras tantas se enferman durante estos días.

¿Pero acaso la menstruación siendo un proceso natural del cuerpo debería doler? No necesariamente, en algunos casos el dolor y los padecimientos tienen que ver con la información que hemos recibido históricamente, con la falta de educación en el tema, con la vergüenza impuesta desde lo discursos religiosos y la carga social y cultural de lo que significa ser mujer en una sociedad misógina. Es importante mencionar que existen patologías relacionadas con la menstruación, la endometriosis por ejemplo, que generan intensos dolores y en ocasiones incapacidad.

Desde la antigüedad el cuerpo de las mujeres ha sido presentado como un cuerpo que enferma permanentemente, la feminidad se exhibe como sinónimo de debilidad, como una desventaja y entonces la menstruación se convierte en la materialización del malestar, el dolor y la enfermedad.

Por otro lado, es común ver como la sangre de la guerra corre a diario por nuestros territorios sembrando resentimiento y odio, la sangre de las vidas acalladas, del dolor humano. Me pregunto entonces, ¿porqué si esa sangre corre tan campante por nuestros territorios, nuestra sangre menstrual, fluído de vida, no puede correr libremente porque es calificada como un acto de imprudencia, indecencia y poco pudor? ¿Qué tiene de malo mancharse o que simplemente una mujer tome fotografías de su sangrado? Doble moral.

Y mientras tanto, las compañías de productos de higiene femenina nos siguen haciendo creer que la sangre menstrual es azul, que olemos mal, que somos defectuosas, que necesitamos adquirir un montón de productos para tener una “adecuada higiene” durante esos días.

Pero la menstruación llega cada mes para renovarnos, para que siga circulando la vida. No es un desecho como defecar u orinar, no es una sangre “mala”, no es una enfermedad (aunque algunas se enfermen). La menstruación es la única sangre que corre por el cuerpo sin herida y sin violencia… ¡Es sangre de vida!
Por estas razones, me uno al argumento de Rapi Kaur para defender su idea de las fotografías: “Sangro cada mes para ayudar a que la humanidad sea posible. Mi vientre es el hogar de lo divino. Una fuente de vida para nuestra especie, tanto si yo elijo crearla como si no”.

Cabe resaltar que científicos han confirmado que la sangre menstrual es portadora de células madres que podrían ser utilizadas como tratamiento para accidentes cerebro vasculares, osteoporosis, Alzheimer, Parkinson y que puede ayudar a reparar tejidos musculares. Hoy día, más y más mujeres reconocemos nuestra ciclicidad femenina, reivindicamos y re-significamos nuestro sangrado menstrual mediante métodos alternativos como la copa menstrual y las toallas de tela que nos facilitan una relación más amable y empática con nuestra menstruación, de hecho muchas mujeres en el mundo ritualizan su sangrado y lo utilizan en el dibujo y el arte sanador.

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